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La poesía del siglo XVII

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Nivell: 16-17 años Assignatura: Lengua Castellana y Literatura
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Contenidos

El contexto histórico

  1. Andalucía:
    1. Sevilla, que disfrutaba de la prosperidad que le procuró el comercio con América, fue la capital cultural del sur. Del grupo sevillano destacaremos a
      1. Juan de Arguijo (1567-1623), más recordado por su labor de mecenazgo, que lo convirtió en el centro de la vida literaria de la ciudad en los primeros años del siglo XVII, que por sus poemas.
      2. Rodrigo Caro (1573-1647), autor de la Canción a las ruinas de Itálica.
      3. Andrés Fernández de Andrada, que compuso la famosa Epístola moral a Fabio.
    2. Antequera, donde destacó Pedro de Espinosa (1578-1650).
    3. Granada también tuvo su grupo, del cual el poeta más interesante es
      1. Pedro Soto de Rojas (1584-1658). Su primera poesía está muy influida por la tradición de Garcilaso, pero sus obras posteriores muestran una asimilación completa de Góngora. Su texto más importante es Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, poema en siete "mansiones" que describe el jardín que el autor hizo para su casa del Albaicín. En la última mansión el poeta revela el verdadero tema de la obra, pues pasa del elogio de la naturaleza a un panegírico de su Creador.
      2. Francisco de Trillo y Figueroa (¿1618?-¿1680?), amigo de Soto, escribió la Neapolisea, poema gongorino sobre Gonzalo de Córdoba.
    4. En Córdoba sobresale el culterano Luis Carrillo y Sotomayor (1585-1610) y su Fábula de Acis y Galatea.
  2. Aragón:
    1. Los hermanos Lupercio (1559-1613) y Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) fueron poetas de estilo y temperamento clásicos. El primero hizo su carrera en la administración pasando los tres años de su vida en el puesto de secretario de Estado del conde de Lemos, virrey de Nápoles, donde fundó la Academia de los Ociosos. Bartolomé ingresó en la Iglesia, vivió durante una temporada en Madrid (donde conoció, entre otros, a Lope de Vega), fue capellán del conde de lemos en Nápoles y, al final de su vida, volvió a Zaragoza. Ambos sobresalieron en la sátira elegante y en la epístola poética. Los dos fueron también historiadores.
    2. Es innegable la influencia de los Argensola en el clasicismo de Esteban Manuel de Villegas (1589-1669), quien en sus Eróticas o amatorias (Nájera, 1618) incluye diferentes imitaciones de autores greco-latinos.
    3. Juan de Moncayo, marqués de San Felices (¿1614?-¿1656?), cuyas obras muestran la influencia de Góngora.
  3. En Madrid los estilos y tendencias más diversos coexistían a medida que un número cada vez mayor de escritores gravitaba hacia el centro de la vida cultural española. En esta hueste de poetas figuraron:
    1. Vicente Espinel (1550-1624), que dio su nombre a la espinela o décima.
    2. Juan de Tasis y Peralta, conde de Villamediana (1582-1622) quien, aunque escribió poesía amorosa petrarquista, cautivado por el estilo nuevo, llegó a ser uno de los más brillantes imitadores de Góngora; en especial en su Fabula de Faetón (1617), uno de los poemas más ambiciosos de aquellos tiempos.
    3. Gabriel Bocángel y Unzueta (1603-1658) hizo hincapié en la claridad y el buen sentido; sin embargo, no atacó el culteranismo sino la ostentación vacía que se hacía de él. De hecho, su Fábula de Ero y Leandro muestra la influencia de Góngora.

El Barroco

El Barroco fue un movimiento cultural y artístico nacido a finales del siglo XVI y se desarrolla y muere en el XVII. Representa una actitud muy compleja, que se expresa como pesimismo ante un mundo en crisis y que se manifiesta en una huida de la realidad inmediata y una búsqueda de nuevos caminos y valores.

En España, a diferencia del resto de Europa, el Barroco no representa un rechazo del Renacimiento, sino un apogeo y culminación de éste. De hecho, en aquél se continuó usando los géneros y las formas poéticas del siglo XVI, tanto las italianizantes como las tradicionales.

No obstante, frente al clasicismo renacentista, el Barroco valoró la condensación conceptual y la complejidad en la expresión, que tenían como finalidad asombrar o maravillar al lector; es decir, con el Barroco, la literatura perdió la serenidad que caracterizaba al Renacimiento haciéndose artificiosa, ornamental y muy realista en unos casos o muy idealizada en otros.

Dos corrientes ejemplifican estos caracteres: el Conceptismo y el Culteranismo.

La Danza de la Muerte. Monumento a Calderón, Madrid.

Conceptismo y Culteranismo

Aunque se suele oponer ambas estilos, identificándose a Francisco de Quevedo como representante del Conceptismo y a Góngora como cabeza de la escuela culteranista, en el Barroco el Culteranismo se entiende como un modo de Conceptismo.

Éste tiene su origen remoto en la poesía cortesana del siglo XV, presenta una clara influencia de la literatura emblemática (1) y se dirigió más a la inteligencia que a los sentidos. Sus recursos expresivos se apoyan principalmente en el contraste, el humor y la concisión formal. Por ello recurren con frecuencia a la figuras literarias como la elipsis, la antítesis, las paradojas, los retruécanos y las hipérboles extremadas.

Por su parte, el Conceptismo gongorino o Culteranismo procuró, fundamentalmente, el preciosismo y la oscuridad en el lenguaje poético. A través de la musicalidad persiguió el halago de los sentidos. Se preocupa, sobre todo, por la expresión. Sus caracteres más sobresalientes son:

  1. Latinización del lenguaje, que se logra fundamentalmente mediante el abundante uso del hipérbaton y el gusto por los cultismos y neologismos.
  2. Empleo intensivo de metáforas e imágenes. Este rasgo es la base de la poesía culterana. El encadenamiento de metáforas o series de imágenes tiene el objetivo de huir de la realidad cotidiana para instalarnos en el universo artificial e idealizado de la poesía.
  3. Acentuación del aspecto mitológico de la lírica del XVI, del que se subrayan sus rasgos plásticos y sensoriales.

Ante estos tres rasgos, puede considerarse a Góngora como un continuador de principios estéticos ya presentes en Juan de Mena (siglo XV) y en Fernando de Herrera (siglo XVI).

La poesía conceptista. Francisco de Quevedo

Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas nació en Madrid en 1580. Estudió en Alcalá y Valladolid. Participó en la política de su tiempo (fue consejero del duque de Osuna en Italia). Enemistado con el Conde Duque de Olivares, sufrió cuatro años de prisión en la cárcel de San Marcos de León. Murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) en 1645.

La obra literaria de Quevedo es de una enorme diversidad, pues trató de abarcar la mayor parte de los géneros vigentes en el Barroco. Así pues, escribió novela, relato corto, obras satíricas, textos doctrinales, poemas y piezas teatrales.

Poesía

La primera parte de sus poesías completas fue publicada bajo el título de El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas en 1648 por su amigo José Antonio González de Salas. Las tres musas últimas castellanas. Segunda parte del Parnaso español, fue editada en 1670 por su sobrino Pedro Aldrete Quevedo y Villegas.

Pese a que los asuntos tratados son de una variedad extraordinaria, pueden distinguirse, no obstante, cinco grandes apartados temáticos: el religioso-moral, el metafísico, el político, el amoroso y el sátiro-burlesco.

Poesía religiosa y moral

Es una lírica claramente contrarreformista y de un pesimismo típicamente barroco. Subraya la idea de muerte como lo único cierto en un mundo de apariencias.

Mediante los lugares comunes de vanitas vanitatum y tempus fugit, muestra la vida como cúmulo de vanos afanes entre el breve lapso de tiempo que media entre la cuna y la sepultura. A esta visión opone una moral estoica cristianizada en la que la prudencia y la entereza ante las calamidades de vida son la llave segura de una existencia digna y católica.

Poesía metafísica

Estos poemas toman una temática consagrada por la tradición (la vida, la muerte, el tiempo...) y, sin embargo, como sucede con los amorosos, Quevedo sabrá marcarles su impronta: tomará los tópicos y los usará para expresar unas vivencias, unos sentimientos y unas ideas personales.

Poesía política

En ella se plasma las preocupaciones quevedescas por España y la decadencia de su imperio. En realidad, estos poemas no son más que la expresión en verso de cuestiones ya expuestas en buena parte de su obra en prosa.

Poesía amorosa

Reanima el lenguaje y los tópicos renacentistas (petrarquismo, neoplatonismo y amor cortés) e introduce algún elemento novedoso, como la expresión directa y desgarrada, la inserción de giros y frases provenientes del lenguaje coloquial o el tema del amor más allá de la muerte.

Como es lógico, la mayoría de estos poemas tienen por objeto los sufrimientos de quien ama.

Poesía burlesca

Este grupo de textos es uno de los pilares más firmes en que se ha asentado la fama de Quevedo como poeta, porque en él es donde sobresale su ingenio.

Deforma la realidad mediante el conceptismo extremo. Ni instituciones ni tipos sociales escapan a sus críticas: el matrimonio interesado y desleal (tema del cornudo), diversos oficios (sobre todos médicos y boticarios), los literatos (son famosas las invectivas a Góngora y a su escuela) , los judíos conversos (a los que opone siempre su cristiandad vieja), los homosexuales.

A diferencia de en los otros tipos de lírica, aquí usa los metros populares en romances y letrillas. A destacar, en este grupo, las jácaras, romances escritos en jerga de germanía, que fueron famosos en su tiempo. Son esencialmente ingeniosos y carecen por completo de contenido moral, expresando tan sólo el placer que se toma al inventarlos.

La poesía culterana. Luis de Góngora

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez - Luis de Góngora y Argote - Google Art Project.jpgNació en Córdoba en 1561. A los quince años fue a estudiar a Salamanca. Para beneficiarse de ciertas rentas eclesiásticas de un tío suyo recibió las órdenes mayores. Residió algún tiempo en Madrid donde fue ordenado sacerdote y nombrado capellán de Felipe III. Cuando murió el rey tuvo problemas económicos, se agravaron sus enfermedades y regresó a Córdoba, donde murió en mayo de 1627.

La obra poética de Luis de Góngora puede clasificarse en dos grupos, atendiendo al metro utilizado:

  1. Composiciones en metros cortos. Destacan las Letrillas y Romances. En unas y otros es frecuente la utilización de recursos y motivos propios de la lírica popular (canciones, bailes, estribillos, rimas asonantes, irregularidades silábicas, etc.) La nota distintiva de Góngora es la estilización de lo popular y la fusión de la técnica tradicional con los artificios del estilo barroco: antítesis, metáforas, hipérboles, entre otras.
  2. Poemas en endecasílabos.
    1. Poemas mayores. Suponen la culminación del lenguaje cerrado y hermético que siempre le caracterizó, y que fue bautizado con el nombre de Culteranismo.
      1. Las Soledades -que han quedado incompletas- según algunos comentaristas contemporáneos iban a ser cuatro y, de acuerdo con la versión más aceptable, habían de tratar de campos, riberas, selvas y yermo. El poema está escrito en silvas, aunque -en realidad- todo él es una extensísima silva. El hilo argumental es mínimo. En la primera Soledad un joven noble, herido de amor y naúfrago, va peregrinando por el campo y asiste a una boda rústica. En la segunda, reside brevemente con un viejo pescador y su familia, antes de reemprender su camino. En una carta a escrita en 1613 ó 1614 a un corresponsal desconocido, Góngora reconoce que su poema posee un contenido esotérico, pues afirma que bajo la corteza se puede encontrar un significado y que, una vez descubierto, el sentido oculto agradará y dará satisfacción al espíritu. Las palabras de Góngora justificando su oscuridad son crípticas, pero parecen sugerir que, al descifrar las imágenes del poema, el espíritu llegará a percibir el esquema subyacente del mundo.
      2. La Fábula de Polifemo y Galatea (en octavas reales) se basa en el libro XIII de las Metamorfosis de Ovidio, donde se narra cómo Acis conquista el amor de Galatea, cortejada sin éxito por el cíclope Polifemo quien, furioso por los celos, mata a Acis al que los dioses transforman en un río. Góngora reelaboró el asunto de manera radical, de tal modo que la libertad con que lo trata y la originalidad de su estilo permiten considerar el poema como una creación personal. A pesar de la sencillez del relato, el texto es complejo y debe entenderse como un himno a la vida. El poema también alude a lo precario de la felicidad humana (la alegría momentánea de los enamorados es deshecha bruscamente). Y, aunque por un momento todo es discordia, ésta se resuelve con la transformación de Acis en un riachuelo, bello en sí mismo y causa de belleza. Como en las Soledades, la muerte queda absorbida dentro de la invencible armonía del universo.
    2. Los casi doscientos sonetos, de perfecta y elegante estructura petrarquista.

La poesía de Lope de Vega

Lope de Vega nació de padres humildes. Tuvo alguna experiencia militar. Se casó dos veces y mantuvo numerosas relaciones ilegítimas. En 1618 encontró a Marta de Nevares, su último amor. No pudiendo casarse, ya que había sido ordenado sacerdote en 1614, vivió con ella hasta que murió en 1632. En sus últimos años, además del fallecimiento de Marta de Nevares, tuvo que sufrir la muerte de su hijo Lope Félix y la fuga amorosa de su hija Antonia Clara.

Poesía

La forma que tenía Lope de publicar su poesía lo diferencia de otros poetas de su tiempo. Desde 1598 hasta su muerte edita sistemáticamente sus libros de versos procurándoles una cierta unidad de tono, de temas o de metros, superando la frecuente recolección de poemas. Es éste un rasgo de modernidad que delata al escritor de oficio que fue nuestro autor.

Otra característica que lo singulariza de sus contemporáneos (y en realidad de todos los escritores españoles hasta el romanticismo) es que utiliza su lírica para contarnos su intimidad.

Su poesía lírica es más fresca y popularizante que las de Góngora y Quevedo, prefiriendo más la naturalidad al retorcimiento gongorino o al sarcasmo fúnebre del segundo. Lope de Vega es poeta de muchos registros y aun de varios estilos, pero, ya en lo popular como en lo culto, su afán es aunar el ornato y el conceptismo barrocos con la naturalidad renacentista, uniendo la tradición cancioneril y popularizante con la italiana.

Sin embargo, no sólo escribió poesía sencilla. Aguijoneado por el éxito que alcanzó el "nuevo" estilo culterano, sucumbió a la moda y escribió a veces poesía tan hermética como la del propio Góngora.

Su extensa producción poética podríamos agruparla de la siguiente manera:

Épica

  1. La Dragontea (1598), poema en diez cantos motivado por la muerte del corsario inglés Francis Drake
  2. El Isidro (1599) consta de diez cantos en los que se narra la vida y milagros del patrono de Madrid.
  3. La hermosura de Angélica (1602) se compone de veinte cantos en octavas. Se inspira en los "Orlandos" italianos.
  4. La Jerusalén conquistada (1609) es el intento más importante de Lope por escribir un poema épico. En los veinte cantos que la componen se narra -con más o menos fidelidad a la historia- la tercera Cruzada.
  5. Crona trágica (1627) nos narra, en cinco cantos en octavas, la prisión y muerte de María Estuardo.

Poemas extensos de carácter mitológico

Incluimos aquí dos volúmenes misceláneos en los que Lope mezcla dos géneros que han irrumpido con fuerza en el panorama literario de su época: la novela y la fábula mitológica:

  1. La Filomena (1621).
  2. La Circe (1624)

Poemas cortos

  1. Rimas (Sevilla, 1604), conjunto de 200 sonetos de tema diverso, donde predomina el amoroso y el laudatorio.
  2. En las Rimas sacras (Madrid, 1614) refleja sus crisis espirituales y vitales y su contrición ante su vida pecaminosa. El metro predominante es el soneto, al que acompaña algunas composiciones de arte menor.
  3. Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (Madrid, 1634). El volumen contiene sobre todo -pero ni mucho menos en forma exclusiva- poemas burlescos en los que Lope pone en solfa las modas literarias del momento, tanto formales como de contenido, mayormente el culteranismo. En general, el humor es benigno, como corresponde a la actitud indulgente de un viejo.

Créditos

Texto

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  • De Luis García de Madrid (España). - Flickr, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2560107
  • De Juan van der Hamen - [2], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2685430
  • De Diego Velázquez - AQFzVa7BHaHlNA en el Instituto Cultural de Google resolución máxima, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22139816
  • De Atribuido a Eugenio Cajés - [3], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=947123

Contenidos

El contexto histórico

  1. Andalucía:
    1. Sevilla, que disfrutaba de la prosperidad que le procuró el comercio con América, fue la capital cultural del sur. Del grupo sevillano destacaremos a
      1. Juan de Arguijo (1567-1623), más recordado por su labor de mecenazgo, que lo convirtió en el centro de la vida literaria de la ciudad en los primeros años del siglo XVII, que por sus poemas.
      2. Rodrigo Caro (1573-1647), autor de la Canción a las ruinas de Itálica.
      3. Andrés Fernández de Andrada, que compuso la famosa Epístola moral a Fabio.
    2. Antequera, donde destacó Pedro de Espinosa (1578-1650).
    3. Granada también tuvo su grupo, del cual el poeta más interesante es
      1. Pedro Soto de Rojas (1584-1658). Su primera poesía está muy influida por la tradición de Garcilaso, pero sus obras posteriores muestran una asimilación completa de Góngora. Su texto más importante es Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, poema en siete "mansiones" que describe el jardín que el autor hizo para su casa del Albaicín. En la última mansión el poeta revela el verdadero tema de la obra, pues pasa del elogio de la naturaleza a un panegírico de su Creador.
      2. Francisco de Trillo y Figueroa (¿1618?-¿1680?), amigo de Soto, escribió la Neapolisea, poema gongorino sobre Gonzalo de Córdoba.
    4. En Córdoba sobresale el culterano Luis Carrillo y Sotomayor (1585-1610) y su Fábula de Acis y Galatea.
  2. Aragón:
    1. Los hermanos Lupercio (1559-1613) y Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) fueron poetas de estilo y temperamento clásicos. El primero hizo su carrera en la administración pasando los tres años de su vida en el puesto de secretario de Estado del conde de Lemos, virrey de Nápoles, donde fundó la Academia de los Ociosos. Bartolomé ingresó en la Iglesia, vivió durante una temporada en Madrid (donde conoció, entre otros, a Lope de Vega), fue capellán del conde de lemos en Nápoles y, al final de su vida, volvió a Zaragoza. Ambos sobresalieron en la sátira elegante y en la epístola poética. Los dos fueron también historiadores.
    2. Es innegable la influencia de los Argensola en el clasicismo de Esteban Manuel de Villegas (1589-1669), quien en sus Eróticas o amatorias (Nájera, 1618) incluye diferentes imitaciones de autores greco-latinos.
    3. Juan de Moncayo, marqués de San Felices (¿1614?-¿1656?), cuyas obras muestran la influencia de Góngora.
  3. En Madrid los estilos y tendencias más diversos coexistían a medida que un número cada vez mayor de escritores gravitaba hacia el centro de la vida cultural española. En esta hueste de poetas figuraron:
    1. Vicente Espinel (1550-1624), que dio su nombre a la espinela o décima.
    2. Juan de Tasis y Peralta, conde de Villamediana (1582-1622) quien, aunque escribió poesía amorosa petrarquista, cautivado por el estilo nuevo, llegó a ser uno de los más brillantes imitadores de Góngora; en especial en su Fabula de Faetón (1617), uno de los poemas más ambiciosos de aquellos tiempos.
    3. Gabriel Bocángel y Unzueta (1603-1658) hizo hincapié en la claridad y el buen sentido; sin embargo, no atacó el culteranismo sino la ostentación vacía que se hacía de él. De hecho, su Fábula de Ero y Leandro muestra la influencia de Góngora.

El Barroco

El Barroco fue un movimiento cultural y artístico nacido a finales del siglo XVI y se desarrolla y muere en el XVII. Representa una actitud muy compleja, que se expresa como pesimismo ante un mundo en crisis y que se manifiesta en una huida de la realidad inmediata y una búsqueda de nuevos caminos y valores.

En España, a diferencia del resto de Europa, el Barroco no representa un rechazo del Renacimiento, sino un apogeo y culminación de éste. De hecho, en aquél se continuó usando los géneros y las formas poéticas del siglo XVI, tanto las italianizantes como las tradicionales.

No obstante, frente al clasicismo renacentista, el Barroco valoró la condensación conceptual y la complejidad en la expresión, que tenían como finalidad asombrar o maravillar al lector; es decir, con el Barroco, la literatura perdió la serenidad que caracterizaba al Renacimiento haciéndose artificiosa, ornamental y muy realista en unos casos o muy idealizada en otros.

Dos corrientes ejemplifican estos caracteres: el Conceptismo y el Culteranismo.

La Danza de la Muerte. Monumento a Calderón, Madrid.

Conceptismo y Culteranismo

Aunque se suele oponer ambas estilos, identificándose a Francisco de Quevedo como representante del Conceptismo y a Góngora como cabeza de la escuela culteranista, en el Barroco el Culteranismo se entiende como un modo de Conceptismo.

Éste tiene su origen remoto en la poesía cortesana del siglo XV, presenta una clara influencia de la literatura emblemática (1) y se dirigió más a la inteligencia que a los sentidos. Sus recursos expresivos se apoyan principalmente en el contraste, el humor y la concisión formal. Por ello recurren con frecuencia a la figuras literarias como la elipsis, la antítesis, las paradojas, los retruécanos y las hipérboles extremadas.

Por su parte, el Conceptismo gongorino o Culteranismo procuró, fundamentalmente, el preciosismo y la oscuridad en el lenguaje poético. A través de la musicalidad persiguió el halago de los sentidos. Se preocupa, sobre todo, por la expresión. Sus caracteres más sobresalientes son:

  1. Latinización del lenguaje, que se logra fundamentalmente mediante el abundante uso del hipérbaton y el gusto por los cultismos y neologismos.
  2. Empleo intensivo de metáforas e imágenes. Este rasgo es la base de la poesía culterana. El encadenamiento de metáforas o series de imágenes tiene el objetivo de huir de la realidad cotidiana para instalarnos en el universo artificial e idealizado de la poesía.
  3. Acentuación del aspecto mitológico de la lírica del XVI, del que se subrayan sus rasgos plásticos y sensoriales.

Ante estos tres rasgos, puede considerarse a Góngora como un continuador de principios estéticos ya presentes en Juan de Mena (siglo XV) y en Fernando de Herrera (siglo XVI).

La poesía conceptista. Francisco de Quevedo

Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas nació en Madrid en 1580. Estudió en Alcalá y Valladolid. Participó en la política de su tiempo (fue consejero del duque de Osuna en Italia). Enemistado con el Conde Duque de Olivares, sufrió cuatro años de prisión en la cárcel de San Marcos de León. Murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) en 1645.

La obra literaria de Quevedo es de una enorme diversidad, pues trató de abarcar la mayor parte de los géneros vigentes en el Barroco. Así pues, escribió novela, relato corto, obras satíricas, textos doctrinales, poemas y piezas teatrales.

Poesía

La primera parte de sus poesías completas fue publicada bajo el título de El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas en 1648 por su amigo José Antonio González de Salas. Las tres musas últimas castellanas. Segunda parte del Parnaso español, fue editada en 1670 por su sobrino Pedro Aldrete Quevedo y Villegas.

Pese a que los asuntos tratados son de una variedad extraordinaria, pueden distinguirse, no obstante, cinco grandes apartados temáticos: el religioso-moral, el metafísico, el político, el amoroso y el sátiro-burlesco.

Poesía religiosa y moral

Es una lírica claramente contrarreformista y de un pesimismo típicamente barroco. Subraya la idea de muerte como lo único cierto en un mundo de apariencias.

Mediante los lugares comunes de vanitas vanitatum y tempus fugit, muestra la vida como cúmulo de vanos afanes entre el breve lapso de tiempo que media entre la cuna y la sepultura. A esta visión opone una moral estoica cristianizada en la que la prudencia y la entereza ante las calamidades de vida son la llave segura de una existencia digna y católica.

Poesía metafísica

Estos poemas toman una temática consagrada por la tradición (la vida, la muerte, el tiempo...) y, sin embargo, como sucede con los amorosos, Quevedo sabrá marcarles su impronta: tomará los tópicos y los usará para expresar unas vivencias, unos sentimientos y unas ideas personales.

Poesía política

En ella se plasma las preocupaciones quevedescas por España y la decadencia de su imperio. En realidad, estos poemas no son más que la expresión en verso de cuestiones ya expuestas en buena parte de su obra en prosa.

Poesía amorosa

Reanima el lenguaje y los tópicos renacentistas (petrarquismo, neoplatonismo y amor cortés) e introduce algún elemento novedoso, como la expresión directa y desgarrada, la inserción de giros y frases provenientes del lenguaje coloquial o el tema del amor más allá de la muerte.

Como es lógico, la mayoría de estos poemas tienen por objeto los sufrimientos de quien ama.

Poesía burlesca

Este grupo de textos es uno de los pilares más firmes en que se ha asentado la fama de Quevedo como poeta, porque en él es donde sobresale su ingenio.

Deforma la realidad mediante el conceptismo extremo. Ni instituciones ni tipos sociales escapan a sus críticas: el matrimonio interesado y desleal (tema del cornudo), diversos oficios (sobre todos médicos y boticarios), los literatos (son famosas las invectivas a Góngora y a su escuela) , los judíos conversos (a los que opone siempre su cristiandad vieja), los homosexuales.

A diferencia de en los otros tipos de lírica, aquí usa los metros populares en romances y letrillas. A destacar, en este grupo, las jácaras, romances escritos en jerga de germanía, que fueron famosos en su tiempo. Son esencialmente ingeniosos y carecen por completo de contenido moral, expresando tan sólo el placer que se toma al inventarlos.

La poesía culterana. Luis de Góngora

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez - Luis de Góngora y Argote - Google Art Project.jpgNació en Córdoba en 1561. A los quince años fue a estudiar a Salamanca. Para beneficiarse de ciertas rentas eclesiásticas de un tío suyo recibió las órdenes mayores. Residió algún tiempo en Madrid donde fue ordenado sacerdote y nombrado capellán de Felipe III. Cuando murió el rey tuvo problemas económicos, se agravaron sus enfermedades y regresó a Córdoba, donde murió en mayo de 1627.

La obra poética de Luis de Góngora puede clasificarse en dos grupos, atendiendo al metro utilizado:

  1. Composiciones en metros cortos. Destacan las Letrillas y Romances. En unas y otros es frecuente la utilización de recursos y motivos propios de la lírica popular (canciones, bailes, estribillos, rimas asonantes, irregularidades silábicas, etc.) La nota distintiva de Góngora es la estilización de lo popular y la fusión de la técnica tradicional con los artificios del estilo barroco: antítesis, metáforas, hipérboles, entre otras.
  2. Poemas en endecasílabos.
    1. Poemas mayores. Suponen la culminación del lenguaje cerrado y hermético que siempre le caracterizó, y que fue bautizado con el nombre de Culteranismo.
      1. Las Soledades -que han quedado incompletas- según algunos comentaristas contemporáneos iban a ser cuatro y, de acuerdo con la versión más aceptable, habían de tratar de campos, riberas, selvas y yermo. El poema está escrito en silvas, aunque -en realidad- todo él es una extensísima silva. El hilo argumental es mínimo. En la primera Soledad un joven noble, herido de amor y naúfrago, va peregrinando por el campo y asiste a una boda rústica. En la segunda, reside brevemente con un viejo pescador y su familia, antes de reemprender su camino. En una carta a escrita en 1613 ó 1614 a un corresponsal desconocido, Góngora reconoce que su poema posee un contenido esotérico, pues afirma que bajo la corteza se puede encontrar un significado y que, una vez descubierto, el sentido oculto agradará y dará satisfacción al espíritu. Las palabras de Góngora justificando su oscuridad son crípticas, pero parecen sugerir que, al descifrar las imágenes del poema, el espíritu llegará a percibir el esquema subyacente del mundo.
      2. La Fábula de Polifemo y Galatea (en octavas reales) se basa en el libro XIII de las Metamorfosis de Ovidio, donde se narra cómo Acis conquista el amor de Galatea, cortejada sin éxito por el cíclope Polifemo quien, furioso por los celos, mata a Acis al que los dioses transforman en un río. Góngora reelaboró el asunto de manera radical, de tal modo que la libertad con que lo trata y la originalidad de su estilo permiten considerar el poema como una creación personal. A pesar de la sencillez del relato, el texto es complejo y debe entenderse como un himno a la vida. El poema también alude a lo precario de la felicidad humana (la alegría momentánea de los enamorados es deshecha bruscamente). Y, aunque por un momento todo es discordia, ésta se resuelve con la transformación de Acis en un riachuelo, bello en sí mismo y causa de belleza. Como en las Soledades, la muerte queda absorbida dentro de la invencible armonía del universo.
    2. Los casi doscientos sonetos, de perfecta y elegante estructura petrarquista.

La poesía de Lope de Vega

Lope de Vega nació de padres humildes. Tuvo alguna experiencia militar. Se casó dos veces y mantuvo numerosas relaciones ilegítimas. En 1618 encontró a Marta de Nevares, su último amor. No pudiendo casarse, ya que había sido ordenado sacerdote en 1614, vivió con ella hasta que murió en 1632. En sus últimos años, además del fallecimiento de Marta de Nevares, tuvo que sufrir la muerte de su hijo Lope Félix y la fuga amorosa de su hija Antonia Clara.

Poesía

La forma que tenía Lope de publicar su poesía lo diferencia de otros poetas de su tiempo. Desde 1598 hasta su muerte edita sistemáticamente sus libros de versos procurándoles una cierta unidad de tono, de temas o de metros, superando la frecuente recolección de poemas. Es éste un rasgo de modernidad que delata al escritor de oficio que fue nuestro autor.

Otra característica que lo singulariza de sus contemporáneos (y en realidad de todos los escritores españoles hasta el romanticismo) es que utiliza su lírica para contarnos su intimidad.

Su poesía lírica es más fresca y popularizante que las de Góngora y Quevedo, prefiriendo más la naturalidad al retorcimiento gongorino o al sarcasmo fúnebre del segundo. Lope de Vega es poeta de muchos registros y aun de varios estilos, pero, ya en lo popular como en lo culto, su afán es aunar el ornato y el conceptismo barrocos con la naturalidad renacentista, uniendo la tradición cancioneril y popularizante con la italiana.

Sin embargo, no sólo escribió poesía sencilla. Aguijoneado por el éxito que alcanzó el "nuevo" estilo culterano, sucumbió a la moda y escribió a veces poesía tan hermética como la del propio Góngora.

Su extensa producción poética podríamos agruparla de la siguiente manera:

Épica

  1. La Dragontea (1598), poema en diez cantos motivado por la muerte del corsario inglés Francis Drake
  2. El Isidro (1599) consta de diez cantos en los que se narra la vida y milagros del patrono de Madrid.
  3. La hermosura de Angélica (1602) se compone de veinte cantos en octavas. Se inspira en los "Orlandos" italianos.
  4. La Jerusalén conquistada (1609) es el intento más importante de Lope por escribir un poema épico. En los veinte cantos que la componen se narra -con más o menos fidelidad a la historia- la tercera Cruzada.
  5. Crona trágica (1627) nos narra, en cinco cantos en octavas, la prisión y muerte de María Estuardo.

Poemas extensos de carácter mitológico

Incluimos aquí dos volúmenes misceláneos en los que Lope mezcla dos géneros que han irrumpido con fuerza en el panorama literario de su época: la novela y la fábula mitológica:

  1. La Filomena (1621).
  2. La Circe (1624)

Poemas cortos

  1. Rimas (Sevilla, 1604), conjunto de 200 sonetos de tema diverso, donde predomina el amoroso y el laudatorio.
  2. En las Rimas sacras (Madrid, 1614) refleja sus crisis espirituales y vitales y su contrición ante su vida pecaminosa. El metro predominante es el soneto, al que acompaña algunas composiciones de arte menor.
  3. Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (Madrid, 1634). El volumen contiene sobre todo -pero ni mucho menos en forma exclusiva- poemas burlescos en los que Lope pone en solfa las modas literarias del momento, tanto formales como de contenido, mayormente el culteranismo. En general, el humor es benigno, como corresponde a la actitud indulgente de un viejo.

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