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Miguel de Cervantes (Cide@d)

tipo de documento Lengua y literatura - Unidad didáctica

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Miguel de Cervantes: Una vida azarosa

Miguel de Cervantes:Nace en Alcalá de Henares en 1547. Con veintidós años se traslada a Italia como servidor del cardenal Acquaviva. Dos años después participa en la batalla naval de Lepanto donde es herido. De regreso a España su barco es apresado por los piratas argelinos y sufre cautiverio en Argel hasta ser rescatado en 1580.

Ya en España los problemas familiares y económicos le acosarán a lo largo de toda su vida: fracaso de su matrimonio, encarcelamiento por irregularidades como recaudador de impuestos, etc. Tras unos años en Valladolid, se instala en Madrid hasta su muerte el 16 de abril de 1616. El éxito le llega con la primera parte del Quijote en 1605; este último periodo de su vida es el de mayor intensidad creativa.

 

La obra de Cervantes

Poesía

Cervantes no fue un gran poeta a la altura de los grandes líricos del Siglo de Oro. Su única obra completa en verso es Viaje al Parnaso.

Teatro

Las primeras obras coinciden con el auge del teatro como espectáculo popular a finales del siglo XVI. A esta etapa corresponde la mejor tragedia de su tiempo, Numancia, historia de la ciudad soriana que se inmola antes que rendirse a los romanos. Respeta en esta etapa las unidades clásicas de lugar, tiempo y acción, pero años más tarde aceptará la reforma teatral de Lope de Vega. De entre sus últimas comedias citaremos Los baños de Argel, inspirada en sus experiencias de cautiverio, y Pedro de Urdemalas, comedia de ambiente picaresco. Los entremeses: Son piezas cortas herederas de los pasos de Lope de Rueda, a quien admiraba. Tratan con humor socarrón ciertos temas tabú en la época: la limpieza de sangre, la honra, la infidelidad, etc. Entre los más celebrados están El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y La elección de los alcaldes de Daganzo.

La obra narrativa

Cervantes sentía una gran inclinación por las narrativa de entretenimiento: su primera obra es una novela pastoril, La Galatea, y su obra póstuma es una novela bizantina, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

Las Novelas Ejemplares. Las concibe con el doble propósito de “aprovechar” con su lección y “deleitar” con su intriga. Además tienen el mérito de ser las primeras novelas cortas en lengua castellana. Algunas son obras maestras en la observación satírica de ambientes y personajes: la delincuencia sevillana a través de la mirada de dos mozalbetes en Rinconete y Cortadillo, o la corrupción y el engaño a través del diálogo de dos perros en El coloquio de los perros.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha

Es la principal novela de Cervantes. Podría afirmarse que con ella da comienzo la novela moderna europea. La primera parte apareció en Madrid en 1605; diez años más tarde se publicó la segunda parte.

La narración

La narración sigue en orden lineal las aventuras que el hidalgo se va encontrando en el camino, con una importante diferencia: en la primera Cervantes intercala en el hilo narrativo historias amorosas e incluso una novelita entera (El curioso impertinente), mientras que en la segunda parte la acción principal sigue su curso sin interrupciones hasta el desenlace. Primera parte: El hidalgo manchego Alonso Quijano enloquece leyendo libros de caballerías, toma el nombre de don Quijote y sale en busca de aventuras para reparar la injusticia y ganar el amor de Dulcinea del Toboso. Se hace armar caballero en una venta, sufre una brutal paliza a manos de unos arrieros y es llevado malherido a su casa. Sale por segunda vez acompañado de Sancho Panza, un vecino simple convertido en su escudero. Tras varios combates con enemigos imaginarios ( molinos de viento, rebaños…) libera a unos presos llevados a galeras por la Santa Hermandad y se refugian en Sierra Morena. Finalmente, el cura y el barbero de la aldea lo encuentran y lo devuelven a su casa fingiendo un encantamiento. En la segunda parte se narra la tercera salida del protagonista. Don Quijote vence al bachiller Sansón Carrasco disfrazado de Caballero de los Espejos y prosiguen en dirección a Zaragoza, pero al entrar en las tierras de unos Duques son reconocidos y se les hace objeto de todo tipo de burlas. El itinerario acaba en Barcelona, donde el hidalgo es derrotado en duelo por el Caballero de la Blanca Luna ( de nuevo el bachiller) que le impone abandonar la caballería andante. Abatido, regresa a su casa y muere después de recobrar el juicio y abominar de los libros de caballerías.

Los narradores

En el Quijote la historia es contada desde la perspectiva de varios narradores, parodiando los libros de caballerías en los que el autor se escondía detrás de un historiador, cronista imaginario de las aventuras del héroe.

Los personajes principales

Miguel de Cervantes (Cide@d)

 

Don Quijote y Sancho son dos personajes complejos que se van moldeando a lo largo de la novela. El materialista Sancho se va encariñando con la bondad y el idealismo de su amo, y don Quijote ve tambalearse sus fantasías hasta recobrar la cordura. Además, la locura del hidalgo se manifiesta sólo cuando imita los libros de caballería, pero cuando se trata de temas humanos de verdadero calado -la justicia, la libertad amorosa, etc.,- su lucidez consigue admirar a todos.

Significado del Quijote

El Quijote fue leído en su tiempo como un libro humorístico. El mismo autor declaraba su propósito de acabar, mediante la parodia, con los libros de caballerías, "sus fingidas y disparatadas historias". Los románticos del siglo XIX quisieron ver en Don Quijote y Sancho el eterno conflicto humano entre el idealismo y la desilusionante realidad. Quizás el conflicto representado fuera más profundo: el provocado por las limitaciones que la Contrarreforma impuso a las ilusiones de libertad del Humanismo, y que le tocó vivir a Cervantes.

Rasgos del estilo

Hemos visto que el Quijote es una parodia; el humor es su principal característica: "Procurad que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente", le recomienda un amigo imaginario en el Prólogo. Para lograrlo, Cervantes emplea la ironía de múltiples formas: poniendo en continuo contraste la fantasía del personaje con la realidad, el lenguaje engolado de los libros de caballería con el estilo rústico de Sancho Panza y los cabreros. El propio don Quijote es un compendio de diferentes estilos: elevado cuando alecciona con el discurso a los demás personajes, llano en la conversación íntima con su escudero y bajo en situaciones que provocan su ira.
Dentro de esta variedad, el estilo narrativo de Cervantes evita la afectación y se mantiene dentro de sencillez y claridad renacentistas.

La aventura de los rebaños (capítulo XVIII de la primera parte)

Miguel de Cervantes (Cide@d)Estaba Sancho Panza colgado de sus palabras, sin hablar ninguna, y de cuando en cuando volvía la cabeza a ver si veía los caballeros - gigantes que su amo nombraba; y como no descubría a ninguno, le dijo:
-Señor, encomiendo al diablo hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos vuestra merced dice parece por todo esto: a lo menos, yo no los veo; quizá todo debe ser encantamiento, como los fantasmas de anoche.
- ¿Cómo dices eso? -respondió don Quijote- ¿No oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?
-No oigo otra cosa-respondió Sancho-sino muchos balidos de ovejas y carneros.
Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños.
-El miedo que tienes -dijo don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, retírate a una parte y déjame solo; que solo basto a dar la victoria a la parte a quien yo diere mi ayuda.
Y diciendo esto, puso las espuelas a Rocinante y, puesta la lanza en el ristre, bajó de la costezuela como un rayo. Diole voces Sancho, diciéndole: -¡Vuévase vuestra merced, señor don Quijote, que voto a Dios que son carneros y ovejas las que va a embestir! ¡Vuélvase, desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es esta? Mire que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. ¿Qué es lo que hace? ¡Pecador soy yo a Dios!
Ni por esas volvió don Quijote; antes, en altas voces, iba diciendo:
-¡Ea, caballeros, los que seguís y militáis de bajo de las banderas del valeroso emperador Pentapolín del Arremangado Brazo, seguidme todos; veréis cuán fácilmente le doy venganza de su enemigo Alifanfarón de la Trapobana! 
Esto diciendo, se entró por medio del escuadrón de las ovejas y comenzó de alanceallas con tanto coraje y denuedo corno si de veras alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores ganaderos que con la manada venían dábanle voces que no hiciese aquello; pero, viendo que no aprovechaban, desciñéronse las hondas y comenzaron a saludalle los oídos con piedras como el puño. Don Quijote no se curaba de las piedras; antes, discurriendo a todas partes, decía: 
- ¿Adónde estás, soberbio Alifanfarón? Vente a mí; que un caballero solo soy, que desea de solo a solo, probar tus fuerzas y quitarte la vida, en pena de la que das al valeroso Pentapolín Garamanta.
Llegó en esto una peladilla de arroyo, y, dándole en un lado, le sepultó dos costillas en el cuerpo. Viéndose tan maltrecho, creyó, sin duda, que estaba muerto o malferido y, acordándose de su licor, sacó su alcuza y púsosela a la boca, y comenzó a echar licor en el estómago; más, antes que acabase de envasar lo que a él le parecía que era bastante, llegó otra almendra y diole en la mano y en el alcuza, tan de lleno que se la hizo pedazos, llevándole de camino tres o cuatro dientes y muelas de la boca, y machucándole malamente dos dedos de la mano.
Tal fue el golpe primero, y tal el segundo, que le fue forzoso al pobre caballero dar consigo del caballo abajo. Llegáronse a él los pastores, y creyeron que le habían muerto; y así, con mucha priesa, recogieron su ganado, y cargaron de las reses muertas, que pasaban de siete, y sin averiguar otra cosa, se fueron.

[Sancho acude y amonesta a don Quijote por desatender sus advertencias, pero este echa la culpa al "sabio encantador enemigo" suyo que ha transformado los ejércitos en rebaños de ovejas y carneros. El recurso a los encantadores será constante en la obra para justificar sus fantasías caballerescas].

Créditos

CIDE@D Literatura 3º eso: Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Coordinación y diseño: Eusebio González Muñoz

Autores:

  • José Antonio Becerril Pérez
  • Roberto Bravo de la Varga
  • Fernando Cañamares Leandro
  • José Mato Gómez
  • Carlos Rodríguez Álvarez

 

Fecha publicación: 9.7.2015

Se respeta la licencia original del recurso.

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