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El judaísmo es la más antigua de las tres religiones monoteístas pero también la menor en número de fieles, unos 13 millones en todo el mundo. El cristianismo y el islam se desglosan de la religión judía. Las escrituras sagradas de los judíos son la Torá, el Tanaj y el Talmud. Hasta la proclamación del Estado de Israel en 1948, el pueblo hebreo realizó un proceso conocido como diáspora, dispersándose por todo el mundo. Dentro de la religión judía distinguimos siete corrientes.



Según el relato bíblico, Dios, a cambio de su fe, prometió a Abraham la tierra de Canaán, futura tierra de Israel, y una progenie numerosa. Así comienza la historia del judaísmo, una religión que aglutina a cerca de trece millones de fieles en la actualidad. La historia de los judíos en la antigüedad comienza con su desplazamiento desde Ur -en Caldea, a orillas del Golfo Pérsico-, a la Tierra Prometida, en la que se establecen a partir del siglo XIX a.C.
Siguiendo con la Biblia, el nieto de Abraham, Jacob, a quien Dios otorgó un nuevo nombre, Israel, se trasladó a Egipto con sus hijos y sus familias huyendo de la hambruna. Sus descendientes fueron esclavizados, hasta que Dios los liberó y, guiados por Moisés, abandonaron Egipto, acontecimiento conocido como el Éxodo. Al llegar al Monte Sinaí, los judíos hicieron un pacto eterno con Dios, quien entregó a Moisés las Tablas de la Ley.
Hacia el año 1200, de nuevo en Canaán, los israelitas se encuentran divididos en doce tribus. La llegada de los filisteos y la presión de los amonitas hace que las tribus se unan en torno a una monarquía, siendo Saúl su primer rey. Con David, los reinos de Judá e Israel se unen, y el territorio inicial judío se ensancha con nuevas conquistas, entre ellas la de Jerusalén, convertida en capital. Salomón, su sucesor, será un monarca valorado por su sabiduría y por el establecimiento de relaciones con lejanos reinos, como el de Saba.
A la muerte de Salomón el reino se divide en dos estados rivales: Israel, en el norte, y Judá, en el sur. En el año 722 a.C. Israel será destruido por los asirios. Lo mismo sucederá con Judá en el 586 a.C., asolada por Nabucodonosor, quien destruirá el gran templo de Jerusalén y deportará a Babilonia a los miembros de las clases altas. Las siguientes dos centurias corresponden a la dominación persa, una época de cierta tranquilidad.
La paz termina cuando Alejandro Magno conquista Palestina en el año 333 a.C. Sus sucesores continuaron su política de helenización, imponiendo la cultura griega en sus dominios. Sin embargo, las luchas internas permitirán la entrada de Roma, a partir del año 63 a.C. Al principio, los romanos gobernaron a través de una dinastía judía fundada por Herodes el Grande. Este gobernante se encargará de culminar la reconstrucción del gran Templo de Jerusalén, casi doblando su tamaño y añadiendo nueva y lujosa ornamentación....""

Es un contenido educativo de Artehistoria "la página del Arte y la Cultura en Español".

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Fecha publicación: 22.4.2013

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