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El Bronce final atlántico se desarrolla en la Península Ibérica entre los años 1250 y 850 a.C. Se extiende desde Huelva hasta el Golfo de Vizcaya, y continúa enlazando con el bronce atlántico continental. La orfebrería y el trabajo de los metales es lo más destacado de este periodo.



El conocimiento y abundante empleo del bronce provocó la necesidad de disponer del cobre y del estaño requerido para elaborarlo y, consecuentemente, originó un comercio a larga distancia entre Cornualles, Bretaña y Galicia, lugares en los que el estaño, el cobre y el oro abundaban. Ese comercio implicó un gran desarrollo de la navegación y el establecimiento de unas determinadas rutas comerciales entre las propias regiones atlánticas. Las gentes que desarrollaron la Cultura del Bronce Atlántico, en la Península, habitaron tres focos bien diferenciados y relacionados con zonas atlánticas europeas: el noroeste, con Galicia, norte de Portugal y noroeste de la provincia de León, rico en estaño y oro; la Extremadura portuguesa, entre el Duero y el Tajo, y, por último, Huelva con el Bajo Guadalquivir, rico en la producción de cobre. La orfebrería de este periodo es de una tecnología muy avanzada, puesta de manifiesto en el empleo de la técnica de fundición a la cera perdida y en el uso de herramientas rotativas o tornos para decorar determinados tipos de joyas. Entre los avances técnicos destacan también la fundición del bronce con estaño y plomo, y el empleo de moldes bivalvos para la obtención de instrumentos y armas. El brazalete de Estremoz es una de las mejores piezas para estudiar la tecnología punta del momento. Determinadas poblaciones del Bronce Final utilizaron grandes lajas de piedra decoradas con figuras grabadas, consideradas hasta ahora como lápidas funerarias. Sin embargo, ninguna de ellas se ha podido relacionar con enterramientos. Por ello, recientemente se ha propuesto una nueva teoría, según la cual las estelas, hincadas en el suelo, habrían servido de hitos demarcadores del paisaje y de las rutas comerciales. Así mismo, las imágenes grabadas no representarían ya al difunto con los objetos que simbolizaban su estatus, sino que se referirían a un importante personaje de aquella sociedad, capaz de controlar el comercio que circulaba por sus territorios. La estela de Solana de Cabañas es un ejemplo de ellas.

Es un contenido educativo de Artehistoria "la página del Arte y la Cultura en ESpañol".

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Fecha publicación: 10.4.2013

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