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El Prado propone una selección de 15 obras maestras para quien solo dispone de una hora para recorrerlo. Un total de 14 pinturas y un grupo escultórico cada una con una completa ficha en El prado en la web. Las obras propuestas son las siguientes:

  1. La Crucifixión, Juan de Flandes (1509-1519). Sala 057
  2. El caballero de la mano en el pecho, El Greco (Hacia 1580): Sala 008B
  3. Las meninas, Diego Velázquez, (1656). Sala 012
  4. El sueño de Jacob, José de Ribera (1639). Sala 009
  5. Los fusilamientos, Francisco de Goya (1814). Sala 064
  6. La anunciación, Fra Angelico (1425-1426). Sala 56B
  7. El cardenal, Rafael (1510-1511). Sala 049
  8. Carlos V en la Batalla de Mühlberg, Tiziano (1548). Sala 027
  9. La Inmaculada Concepción, Giambattista Tiepolo (1767-1769). Sala 019
  10. El descendimiento, Rogier van der Weyden (1443). Sala 058
  11. Tríptico del jardín de las delicias, El Bosco (1490-1500). Sala 056A
  12. Las tres gracias, Rubbens (1630-1635). Sala 029
  13. Autorretrato, Alberto Durero (1498). Sala 055B
  14. Judit en el banquete de Holofernes (antes Artemisa), Rembrandt (1634). Sala 076
  15. Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso, Escuela de Pasiteles (Año 10 a.C). Sala 071

Acciona cada una de las imágenes de las obras que se presentan a continuación para ver la ficha del museo de cada una.

1. La Crucifixión, Juan de Flandes (1509-1519). Sala 057
1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

La obra, óleo sobre tabla, fue realizada para el retablo mayor de la catedral de Palencia, una de las ciudades en que Juan de Flandes estuvo activo tras la muerte de la reina Isabel la Católica, al servicio de la cual había estado [...].
La escena representa la Crucifixión de Cristo. Es una imagen que presenta una gran monumentalidad y una gran originalidad en la composición. Se advierten ya ciertas influencias del arte italiano, sobre todo de Mantegna. Reduce considerablemente el número de personajes y tiene un punto de vista bajo debido a su colocación.  (Extraído de https://www.cromacultura.com).

2. El caballero de la mano en el pecho, El Greco (Hacia 1580): Sala 008B1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El arte del retrato tiene en el cuadro que nos ocupa uno de sus máximos exponentes. Perteneciente a una serie de retratos que pintó El Greco entre los años 1570 y 1580, El caballero de la mano en el pecho es sin duda el más destacado, no solo ya por la maestría de la que hace gala, sino también por el halo misterioso que lo rodea. El personaje no es el único desconocido de la serie, pero si el único que, originariamente, se nos aparece sobre un fondo negro y con un gesto que enseguida capta nuestra atención: tiene la mano tocándose el pecho. 

El pintor hace énfasis en la mano y en el rostro, iluminándolos sobre un fondo casi negro y estableciendo así un lazo con el observador; con la profunda mirada, nos trasmite tristeza y desasosiego, con la mano, sinceridad, el desánimo le mana de dentro. Desde un punto de vista más pragmático, la mano, cuya peculiar colocación de los dedos es característica de El Greco, representa simplemente el juramento de su condición de caballero.
(Ver análisis íntegro de http://www.arteselecto.es)

3. Las meninas, Diego Velázquez, (1656). Sala 0121 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

Las Meninas es la obra más famosa de Velázquez. Fue pintada por el genial artista sevillano en 1656, según Antonio Palomino, fecha bastante razonable si tenemos en cuenta que la infanta Margarita nació el 12 de julio de 1651 y aparenta unos cinco años de edad. Sin embargo, Velázquez aparece con la Cruz de la Orden de Santiago en su pecho, honor que consiguió en 1659. La mayoría de los expertos coinciden en que la cruz fue pintada por el artista cuando recibió la distinción, apuntándose incluso a que fue el propio Felipe IV quien lo hizo. Representa la familia del este rey, con las infantas y el propio Velázquez en primer plano, los reyes aparecen reflejados en el espejo. La figura de la puerta es el aposentador José Nieto. (Ver vídeo de la obra de ArteHistoria)

4. El sueño de Jacob, José de Ribera (1639). Sala 009
1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

Ribera representa de manera perfecta el episodio del Génesis en el que Jacob, camino de Jarán, vio en su sueño una escalera celestial por la que subían y bajaban ángeles. El maestro ha situado al patriarca, sumido en un profundo sueño, de la manera más realista posible. De hecho, casi no puede observarse la escalera celestial, insinuada por la luz fuerte y clara que ilumina el rostro de Jacob. Aquí radicaría la originalidad de la escena. (Ver análisis íntegro de ArteHistoria).

5. Los fusilamientos, Francisco de Goya (1814). Sala 064
1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

En 1814, una vez finalizada la Guerra de la Independencia, Goya pinta este lienzo por encargo de la Regencia. El pintor nos presenta la culminación del episodio ocurrido el día anterior, cuando los madrileños se sublevan contra las tropas francesas que ocupaban la capital; ahora vemos cuales son las consecuencias de aquella feroz resistencia. El modo de componer la escena determina las características de los dos grupos protagonistas: por un lado los ejecutados, ofreciendo su cara al espectador y al grupo de los verdugos, rostros vulgares, atemorizados y desesperados, en toda una galería de retratos del miedo que Goya nos ofrece. (Ver vídeo de la obra de ArteHistoria)

6. La anunciación, Fra Angelico (1425-1426). Sala 56B1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El tema principal, la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María, se completa con las escenitas del banco o predela, otra tabla más estrecha situada debajo del tema principal. Estas escenas son, por orden de lectura, el Nacimiento de María, sus desposorios con José, la Visitación a Santa Ana, la Epifanía de Jesús, la Purificación y el Tránsito del alma de María tras su muerte. En esta última escena es de destacar cómo su hijo, Jesucristo, recoge desde el cielo el alma de la madre, que asciende. En la tabla principal se puede contemplar junto a la Anunciación una escena secundaria, que muestra el momento de la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Las dos escenas se conjugan fingiendo que Adán y Eva se encuentran en el exterior del mismo ámbito, en el jardín al que se abre el pórtico donde la Virgen recibe al arcángel. Esto es un recurso que utiliza el fraile para simbolizar el pecado original cometido por Adán y Eva, y su redención en la tierra, que es la encarnación de Cristo en María. Así nos cuenta simultáneamente el principio y el final del Antiguo Testamento, al tiempo que anuncia el Tiempo Nuevo, tras la venida de Dios a la tierra. Fra Angelico establece una jerarquía de tamaños para establecer un orden temporal: las figuras más pequeñas -Adán y Eva- son las más remotas en el tiempo; las mayores son las más cercanas al cristiano, así como las más importantes en la acción.  (Ver análisis íntegro de ArteHistoria).

7. El cardenal, Rafael (1510-1511). Sala 0491 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

Rafael realiza con este retrato el inquietante reflejo de una personalidad sibilina de su tiempo. La osadía del pintor le lleva a mostrar la mirada calculadora y astuta de uno de los más poderosos personajes de la Corte vaticana, que regía en aquellos años como una auténtica Corte mundana, que intervenía en todos los asuntos del resto de Europa (motivo que llevó a Carlos I a tomar y saquear la ciudad santa, como un enemigo político más). Rafael pone aquí lo mejor de su arte retratístico en una figura tomada de medio cuerpo, destacada sobre un fondo neutro que resalta el rojo de la seda que conforma sus vestidos. El rojo a su vez realza la suave carnación de manos y rostro, que sorprende por su dureza y lejanía hacia el espectador. (Extraído de ArteHistoria)

8. Carlos V en la Batalla de Mühlberg, Tiziano (1548). Sala 0271 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El artista veneciano representa al emperador de Alemania y rey de España, Carlos I, como triunfador en la Batalla de Mühlberg sobre la Liga de Smalkalda (24 de abril de 1547), acaecida un año antes de que se pintara la obra. Es un cuadro de extraordinario valor histórico y que ejerció gran influencia en la época barroca. En él, podemos observar al rey montando un caballo de raza española, cubierto por un bello manto de terciopelo y raso color carmesí, mientras Carlos porta atuendos propios de la caballería ligera, con media pica que recuerda a San Jorge, quien según la leyenda mató a un dragón (bestia asociada a la herejía) y pistola de rueda. A su vez se cubre con una armadura, que por su precisión y detallismo se puede fechar en modelos de 1545 realizados por Desiderius Colman. Dicha armadura labrada en oro y plata, es una valiosa pieza que aun hoy se conserva en la Real Armería del Palacio Real de Madrid. En el centro de la parte delantera del peto, se puede observar la imagen de la Virgen con el Niño, iconografía habitual en las armaduras del emperador a partir de 1531.

(Extraído del comentario del profesor Enrique Valdearcos Guerrero)

9. La Inmaculada Concepción, Giambattista Tiepolo (1767-1769). Sala 0191 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

Fue elaborada para uno de los altares laterales de la iglesia del convento de San Pascual en Aranjuez. El encargo, realizado tras finalizar la decoración de los techos del Palacio Real, constaba de siete lienzos, entre los que destacan también San Pascual Bailón y San Antonio de Papua. Sigue las pautas del Barroco italiano de finales del siglo XVIII.La Virgen se sitúa en el centro, sobre la bola del mundo, pisando la serpiente que simboliza el mal. A su alrededor, aparecen ángeles y querubines y, en la parte superior, está la paloma del Espíritu Santo. El estudio de la luz y el tono sepia dan al cuadro sensación de sobrenaturalidad.

(Extraído de https://www.arteespana.com)

10. El descendimiento, Rogier van der Weyden (1443). Sala 0581 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El Descendimiento de la cruz, es considerada la obra maestra del pintor flamenco Roger van der Weyden. Este cuadro es la sección central de un tríptico pintado por encargo de la guilda o cofradía de los ballesteros de Lovaina, para la capilla que tenían en la iglesia de Onze Lieve Vrouw van Ginderbuiten (Nuestra Señora Hors-les-Murs). En honor a dicho gremio, el artista incluyó diminutas ballestas en los ángulos de la composición. [..]
Es una obra deslumbrante, conmovedora y trabajada al más mínimo detalle. Un cuadro cargado de simbolismo religioso. El pintor desplegó en esta escena toda una gama de exquisitos matices y de doloridas expresiones, con una profunda emoción religiosa, provocando la emoción del espectador ante las expresiones de los personajes.

(Extraído del foro de literatura y arte: http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?f=53&t=5783)

11. Tríptico del jardín de las delicias, El Bosco (1490-1500). Sala 056A

1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El jardín de las delicias es una de las creaciones más enigmáticas de El Bosco, por lo que, para tratar de descubrir su significado, es necesario saber qué es lo que el pintor representa en cada tabla. El tríptico cerrado muestra en grisalla el final del tercer día de la Creación. Arriba, a la izquierda, aparece Dios Padre con triple corona y un libro abierto. En la parte superior de las dos tablas, una inscripción en latín con letra gótica dorada (Salmos, 32, 9) es la clave para identificar el momento elegido: «Ipse dixit et facta sunt» (Él mismo lo dijo y todo fue hecho) en la izquierda e «Ipse mandavit et ­creata sunt» (Él mismo lo ordenó y todo fue creado) en la derecha. El mundo de El Bosco sigue las convenciones de la época: la tierra es plana, con agua alrededor y con abundante vegetación, rodeada de una esfera, con reflejos luminosos para dar la impresión de ser cristalina y traslúcida. El tríptico abierto contrasta, por la brillantez de su color, con la grisalla del reverso, con sus tres paneles distribuidos en tres planos superpuestos, gracias a la elevación de la línea del horizonte.  (Extraído del artículo de la Voz de la Enciplopedia del Museo del Prado; autora Pilar Silvia Maroto )

12. Las tres gracias, Rubbens (1630-1635). Sala 0291 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

El cuadro Las tres Gracias muestra a tres muchachas desnudas, en tamaño natural, dispuestas según el modelo escultórico antiguo, con la figura central de espaldas y las otras dos de perfil, levemente giradas hacia el frente. Las diosas aparecen en un paisaje poblado por tres ciervos, bajo una guirnalda de rosas y junto a un árbol, una fuente y un pequeño riachuelo que atraviesa la escena de derecha a izquierda. Se trata de una obra ambiciosa en su concepción y de ejecución brillante, la plasmación más importante de un tema que ocupó al pintor durante gran parte de su carrera. La elección del soporte de madera demuestra la importancia que la obra tiene para su autor, puesto que la madera de roble procedente de la región del Báltico que usaban los pintores de Amberes era un soporte muy costoso, por encima del lienzo o el cobre. Además, este soporte, por la luminosidad y el aspecto esmaltado que concede a las pinturas, implicaba el deseo de una terminación preciosista y la consideración de la pintura como un objeto valioso en sí mismo. El escenario en que se encuentran las diosas muestra una naturaleza floreciente, de pradera que se aleja del primer plano siguiendo el esquema colorista desarrollado por los pintores flamencos a finales del siglo XV y principios del XVI, con los elementos que se sitúan en primer plano pintados en tonos marrones, los que se colocan en los planos intermedios en verde y los más lejanos definidos por un hermoso y profundo color azul. 

(Extraído del foro de literatura y arte: http://www.foroxerbar.com/printview.php?f=53&t=3892&start=0)

13. Autorretrato, Alberto Durero (1498). Sala 055B1 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

 Autorretrato a los 26 años Alberto Durero. Durero se retrata como un gentiluomo, vestido con tonos claros y con sus mejores galas. Lleva jubón abierto blanco y negro y gorra con borla de listas en los mismos colores, camisa con una cenefa bordada en oro, y cordón de seda con cabos azules y blancos sujetando una capa parda colocada sobre el hombro derecho. El pintor cubre las manos con las que trabaja con guantes grises de cabritilla, propios de un alto estatus social, con la intención de elevarse de artesano a artista y situar la pintura entre las artes liberales, como en Italia. Aparece en el interior de una estancia comunicada con el exterior por la ventana abierta en la pared del fondo. Durero incorpora la monumentalidad italiana en las verticales y horizontales con que ordena el marco de la ventana, presentes también en la pose que repite la forma en L de aquel en el busto, apoyado firmemente en el brazo que descansa en el antepecho. Y tampoco olvida algo que es propio de sus retratos, realizados con una precisión minuciosa: el dominio psicológico, patente en el contraste entre el carácter sensual de sus facciones y su mirada fría y penetrante. La satisfacción de su propia capacidad artística se comprueba en la inscripción del alfeizar de la ventana, escrita en alemán: 1498, lo pinté según mi figura. Tenía yo veintiséis años Albrecht Dürer. En 1636 el Ayuntamiento de Nüremberg regaló esta tabla y un retrato del padre de Durero a Carlos I de Inglaterra, en cuya almoneda la compró David Murray, quien la vendió al embajador español Alonso de Cárdenas para don Luis de Haro, que en 1654 se la regaló a Felipe IV. Figura en el inventario del Alcázar de Madrid en 1686. Ingresó en el Real Museo en 1827
(Texto extractado de Silva Maroto, P. en: El retrato del Renacimiento, 2008, p. 280).

14. Judit en el banquete de Holofernes (antes Artemisa), Rembrandt (1634). Sala 0761 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

15. Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso, Escuela de Pasiteles (Año 10 a.C). Sala 0711 hora en el Museo - Museo Nacional del Prado

 

Autores:

Fecha publicación: 8.8.2018

Se respeta la licencia original del recurso.

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