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Tarraco fue la primera fundación romana en la península, y desde ese momento se convirtió en el centro de operaciones romano en Hispania.

La ciudad de Tarraco contaba con todos los edificios religiosos y civiles característicos de una ciudad romana, siendo el circo o el foro algunos de los más importantes.



Tarragona fue la primera fundación romana en ultramar y desde ella partió la romanización de Hispania, convirtiéndose en la capital de la provincia Citerior.
El núcleo habitado estaría rodeado por una potente muralla construida en el siglo II a.C.
El urbanismo de Tarraco se estructuró en tres terrazas, desde lo alto de una colina hasta el puerto, una de los elementos decisivos de la vida urbana.
En la terraza inferior se situaba el foro de la ciudad, un espacio porticado en el que estaba la basílica, un templo y otros edificios. Al recinto se accedía a través de un arco triunfal. En esta terraza inferior también se hallaba el teatro, realizado en época de Augusto. Junto al edificio teatral se levantaba un ninfeo monumental. En la parte baja de la ciudad se hallaba un gran conjunto termal. Todos estos edificios se rodeaban de viviendas, ya que éstas estaban diseminadas en las terrazas media e inferior, siguiendo trazas ortogonales.
En la terraza superior se construyó un gran complejo arquitectónico destinado a ser el centro religioso, político y administrativo de la Hispania Citerior: el foro provincial. Estaba formado por dos grandes plazas, situadas a diferentes niveles; en la parte baja se incluía el Circo.
La plaza del nivel superior estaba destinada a recinto de culto; era un rectángulo rodeado en tres de sus lados por pórticos mientras que en el cuarto lado se alzaba majestuoso el templo dedicado a Júpiter.
La segunda terraza ocupaba una amplia superficie y estaba rodeada por una compleja estructura de pórticos. En los lados menores presentaban un pórtico inferior de unos 14 metros de ancho sobre el que se situaba un segundo pórtico menos elevado que completaba el conjunto. La plaza estaría ajardinada y se articularía por una vía central que conectaba el recinto de culto con el circo.
El circo de Tarraco medía 325 metros de largo por 115 de ancho. Construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía contener 23.000 espectadores. La forma del circo viene determinada por su funcionalidad: consistía en una pista alargada llamada arena, dividida por una barrera central en torno a la cual los carros de carreras daban un total de seis vueltas. La arena estaba rodeada por el graderío, donde se situaba el público.
La principal fachada del circo de Tarraco corría paralela a la Vía Augusta, la principal arteria de la ciudad, por la que se podía ir al anfiteatro, situado fuera del recinto urbano, con una capacidad de 14.000 espectadores.

Es un contenido educativo de Artehistoria "la página del Arte y la Cultura en ESpañol".

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Fecha publicación: 10.4.2013

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