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La arquitectura gótica incluye importantes novedades respecto al estilo románico. Las nuevas catedrales buscan la luz y la altura, perdiendo el muro la función de soporte, ya que el edificio se sustenta sobre arbotantes, contrafuertes y pilares.

El arco apuntado y la bóveda de crucería son los más utilizados en las nuevas construcciones, y las enormes y coloridas vidrieras permiten el paso de la luz.



Las grandes novedades del Gótico se manifiestan en las sedes catedralicias que se construyen desde mediados del siglo XII en Francia. El resorte que mueve al arquitecto gótico es la ansiedad por la elevación y la luz, con el consiguiente horror al macizo. El muro llega a perder la función de soporte y sólo sirve de cerramiento, siendo reemplazado por las vidrieras, ya que la estructura se apoya en pilares, arbotantes y contrafuertes.
En ese afán de elevación se emplea el arco apuntado y la bóveda de crucería. Esta bóveda es una derivación de la bóveda de arista románica y está constituida por dos nervios que se cruzan diagonalmente, entre los que se coloca la plementería, los materiales que llenan el espacio entre los nervios para cerrar la bóveda. La bóveda de arista va evolucionando con el tiempo, surgiendo la sexpartita, la de terceletes y las estrelladas.
La evolución de las bóvedas lleva pareja el desarrollo de los pilares, ya que al aumentar el número de nervios se multiplican las columnas adosadas, transformándose en delgados baquetones.
El peso de la bóveda se traslada al exterior gracias a los arbotantes, grandes arcos que envían el empuje a los estribos, situados en el muro de la nave exterior, sin restar luminosidad al ventanal. Para evitar el desplazamiento del estribo y contribuir al efecto ascendente, se le corona con un pináculo. El arbotante también sirve para conducir al exterior el agua de la lluvia, utilizando las gárgolas como bocas de desagüe.
Las portadas góticas son abocinadas como las románicas, pero la forma apuntada suele coronarse con el gablete. También destaca el rosetón, que gracias a las vidrieras permite penetrar la luz coloreada en el templo.
Las novedades en la planta son escasas; desaparecen las formas curvas, por lo que ábsides, girolas y capillas se hacen poligonales. En cuanto a la sección del templo, continua siendo la nave central más alta que las laterales. La segunda planta, empleada como tribuna en el románico, se convierte en una simple galería o triforio, que corre a través del grosor de las naves.

Es un contenido educativo de Artehistoria "la página del Arte y la Cultura en ESpañol".

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Fecha publicación: 10.4.2013

Se respeta la licencia original del recurso.

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