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Acerca de este recurso...

Por su interés, os reproduzco un artículo de Luis y su hilo de la Red social UNIENCE

por Luis1 01-11-2012 17:09

CARTA A MI HIJA:

            -Hemos sustituido, erróneamente, la voluntad por la motivación como motor para hacer las cosas. Hay tareas que es necesario realizar aunque no estemos motivados para ello, aunque nos desagraden o requieran un sobreesfuerzo y haya que ejecutarlas sin esperar recompensa alguna. ¿Acaso aprender tiene que ser divertido? Si usamos el premio para conseguir que nuestros hijos hagan algo que es necesario o el castigo para que dejen de hacerlo, estaremos corrompiendo su voluntad y no fomentaremos su esfuerzo para asumir de forma voluntaria y responsable los compromisos necesarios para desarrollar su personalidad y su espíritu crítico. Zig Ziglar dijo que “si uno hace las cosas que debe hacer cuando debe hacerlas, algún día podrá hacer las cosas que quiere hacer cuando quiera hacerlas”.

       -Me dirás que aprender de los errores ajenos, copiar a los sabios, ¿no implica, acaso, renunciar a las enseñanzas de nuestras propias vivencias y errores? ¿No estamos sacrificando, con ello, nuestros propios descubrimientos?

        -En parte sí, pero tendrás sobradas ocasiones, a lo largo de tu vida, de equivocarte. No llegues a tu ancianidad arrepintiéndote de los errores que otros cometieron ya por ti. Aprender de los gigantes es de sabios, para ello deberás ampliar tu biblioteca, esa será tu mejor inversión. Pero para asimilar nuevas ideas enriquecedoras y liberadoras es imprescindible arrinconar y expulsar las viejas creencias limitantes, eso lo resumió, en una palabra clave, la filóloga Amparo Bernal: “Desaprender”.

          -Intenta hacer tu trabajo todo lo mejor que te sea posible, optimizándolo al máximo y, con ello, crecerás como persona. Es más fácil mejorarse a uno mismo que intentar cambiar a los demás. Si nuestra vida gira en torno al condicionamiento y las circunstancias, se debe a que, por decisión consciente o por omisión, elegimos otorgar a esos factores el poder de controlarnos. Los individuos reactivos se ven alienados  por las emociones y por la coyuntura. En cambio, los hombres   proactivos se impulsan movidos por valores cuidadosamente meditados, seleccionados e internalizados. También las personas proactivas se ven influidas por los estímulos externos -sean físicos, sociales o psicológicos- pero su respuesta a esos estímulos -consciente o inconscientemente- es una elección basada en valores personales fundamentales e inmutables. Los gigantes se comportan como maestros de la proactividad, centrando los esfuerzos en su círculo de competencia e influencia, no en el de las preocupaciones estériles. El círculo de preocupación está colmado de “tener: me sentiré mejor cuando tenga una casa, sea rico, consiga un empleo mejor, mis hijos sean más obedientes, etc. El círculo de influencia rebosa virtudes de “ser”: puedo ser más empático, ingenioso, diligente, creativo, comprensivo, etc. Si centramos nuestras energías en resolver aquello que está en nuestro ámbito de competencia -en nuestro locus de control interno- y evitamos perder fuerzas y tiempo en intentar solucionar lo irresoluble, seremos mucho más eficaces. La clave está en modificar nuestro carácter ya que el problema no está fuera sino dentro de nosotros mismos. Si queremos cambiar la manera de actuar de los otros -para mejorarlos- no intentemos transformarlos desde fuera, y empecemos por enriquecer nuestra manera de pensar y obrar, trabajando, desde dentro, sobre nuestros propios defectos. Si pensamos que el problema está allí fuera, reflexionemos, ese pensamiento es el problema. Siempre que juzguemos que las barreras están en los otros y en las circunstancias que nos rodean, conferimos a lo externo el poder de controlarnos. El enfoque proactivo consiste en cambiar de adentro hacia fuera: ser mejores y de esa manera provocar un cambio positivo en nuestro entorno.

      -¡Ser! ¡Tener! ¡Reactivos! ¡Proactivos! ¡Círculos de preocupación y de influencia!.., sé que te estoy agobiando y pensarás que ser feliz no es tan sencillo. Quizá lo más parecido a ser feliz sea estar alegre.

       -Pero ten en cuenta que la perfección no existe y que su búsqueda obsesiva sólo conduce a la infelicidad. La perfección implica inmovilidad, si tienes planes de extrema excelencia  para ti misma nunca tratarás de hacer nada porque la perfección no es un concepto que pueda aplicarse a los seres humanos. La obsesión del perfeccionista por los “peros” hace que no sea capaz de disfrutar de sus logros y de su esfuerzo; siempre ve la botella medio vacía o vacía del todo, nada es suficiente para él y se derrumba al más mínimo tropiezo, al más insignificante de los reveses de la vida. El perfeccionista compulsivo es un buscador empedernido de defectos y los encontrará hasta en el paraíso; tiene una mentalidad del todo o nada, y como nunca obtiene ni encuentra ese ansiado todo, eso le lleva a una autocrítica destructiva que mina su autoestima. Las metas del perfeccionista son, por definición, inalcanzables, por lo que no puede disfrutar de sus éxitos parciales, todo le parece insuficiente y con independencia de los objetivos que consiga, nunca se verá a sí mismo como un triunfador. El minucioso empedernido e inflexible se decepciona ante cada fracaso, hasta el punto de  paralizar nuevas iniciativas. Su meta ha sido trazada al final de una línea recta que no admite altibajos ni desvíos. Con esa rigidez, con esa falta de adaptabilidad a las circunstancias cambiantes, con esa incapacidad para disfrutar del camino, con esa obsesión exclusiva por el destino final, la infelicidad está garantizada.  Concluye que si su trabajo no va a quedar perfecto no vale la pena ni intentarlo y de esa manera se bloquea en la más amarga de las inactividades.

       -Ya lo decía Don Miguel de Cervantes, en boca de Don Quijote de la Mancha, tenemos que aspirar a ser mejores, que no perfectos.

 

“Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los  obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;   Nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos;  la cosa más fácil, equivocarnos;   la más destructiva, la mentira y el egoísmo;  la peor derrota, el desaliento;   los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;  las sensaciones más gratas, la buena conciencia,    el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo,   la disposición para hacer el bien  y combatir la injusticia donde quiera que esté”.

LUIS ALLUÉ BELLOSTA 

parras

01-11-2012 19:04

Luis nuevamente has dado en el clavo, que clarividencia... Gracias por tus aportaciones...

Echoes

 

Que gran escrito, Luis1. Tu tesitura en mezclar felicidad y psicología financiera sigue sembrando lecciones como la escrita en este artículo. Queda claro que buscar la felicidad no implica vivir el momento a corto plazo y el placer inmediato, sino en disfrutar el placer, el bienestar y la felicidad que residen en la búsqueda y no tanto en la consecución del bien deseado.

Según tengo entendido los flujos de dopamina se activan con la simple expectativa de placer, sin necesidad de que se materialice posteriormente. Así entonces, la felicidad estará en la búsqueda y la expectativa de nuestras metas y objetivos, aunque ello implique esfuerzo y hacer cosas que nos desagraden. Si unimos estos conceptos a otros tales como "Desaprender" junto con un carácter proactivo y una buena conciencia, seguro que como muy bien nos enseñas, seremos mucho más felices.

Luís, comentaste en una ocasión si sería motivo causal que muchos inversores Value sean tan longevos (Kahn, Buffet, el mismo Graham, ...). Desde entonces no dejo de pensar en ello. ¿Es posible que la prolongación de la esperanza de vida junto con un carácter como el que describes, unido a la emoción que provoca un proyecto a largo plazo, sea la clave más próxima a la felicidad?

Luis1

@echoes hay estadísticas que demuestran que los ricos viven más que las clases medias y bajas.

Por ejemplo: Las ciudadanas de Hong Kong que es el país más rico y libre económicamente del mundo , tienen la esperanza de vida al nacer más alta del mundo con 86,7 años.

 

Luis1

01-11-2012 21:11

Echoes:

No te olvides de Walter Schloss, inmenso value investor, que falleció este año a los 95 años.

Estoy convencido que la mentalidad value puede prolongar la vida aunque eso es muy difícil de demostrar. De entrada parece lógico, tiene un cierto sentido, lo dijo Nietzsche en una frase increíble que leí en el libro: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl:  "EL QUE TIENE UN PORQUÉ PARA VIVIR PUEDE SOPORTAR CASI CUALQUIER CÓMO".

Tengo que vivir muchos años para comprobar si realmente el interés compuesto funciona o es una patraña más.

@parras:

Es una suerte tenerte entre mis lectores, en esta vida acelerada que llevamos a muchos les habrá parecido demasiado larga y pretenciosa la carta y es cierto pero los sueños deben ser lo suficientemente grandes como para no perderlos nunca de vista.

@Secuoya23:

Sabes que la clave es la repetición, ambos (tú más) somos muy pesados, siempre lo mismo puede cansar, es cierto hay que admitirlo pero yo me releo todos tus artículos aunque me los sepa de memoria, a ver si se me pega algo bueno.

Echoes

01-11-2012 23:01

Luis, repito que tienes el don de decir mucho con pocas palabras. Viktor E. Frankl, también uno de mis preferidos, escribe que "la conciencia es la verdadera intérprete de la vida", por eso es importante tener inculcados unos buenos valores. Seguro que tus hijos ya los tienen.

Bodden

02-11-2012 08:55

Muchas gracias Luis. Se la voy a pasar a mis hijos.

comparativadebancos

02-11-2012 11:33

Felicidades Luis,

Como siempre, sabes conjugar perfectamente y con excelente lucidez la edad física y la mental, la experiencia, el conocimiento, el sentido de la vida y los grandes valores que deberían distinguir a los seres humanos.

El intentar pasar esos loables conocimientos a la siguiente generación es una "obligación que todos tenemos" y más aún, en el incierto mundo que nos ha tocado vivir y donde nuestros hijos tendrán que seguir desarrollándose en el terreno humano, moral, profesional, afectivo y social.

Me repito en mi enhorabuena por el artículo.

mmfpam

02-11-2012 11:52

¡Qué beneficioso sería para nuestra sociedad, que esta carta fuera leída y asimilada por quienes la dirigen y por aquellos que les critican!

Me atrevo a pensar que a D. Miguel de Cervantes, se le ha leído poco y se le ha entendido menos aún.

Y no digamos a Jesús que nos lo resumía en 10 puntos (mandamientos).

De todas maneras @Luis, mis felicitaciones por escribirla y sobre todo por publicárnosla. Aunque seamos pocos los usuarios de Unience pero, es un paso en el camino. 

arturop

02-11-2012 11:54

@Luis1, otra clase magistral, nos va a acabar acallando a todos :-). Lo "peor" de leer su carta es que cuando iba por el último párrafo me reconocía en el perfeccionista o minucioso, "sólo" que ni soy perfeccionista ni minucioso, con lo que tengo lo peor de ambos mundos. Y como la cabra tira mucho al monte, y confirmando mi propia autoprofecía, creo que va a ser muy difícil salirme de ahí... En fin.

Luis1

02-11-2012 11:56

Tenemos efectivamente que intentar transmitir a las nuevas generaciones aquellos valores que consideramos útiles y justos, de ahí que la iniciativa de @Esteban sea una generosa y apasionante aventura. Si somos sinceros intentando transmitir esos valores tendremos éxito en nuestro intento, si por el contrario sólo lanzamos al aire tópicos y bellas palabras y no damos ejemplo siendo consecuentes con ellas, nuestros jóvenes, que no son tontos, se darán cuenta del engaño y no lograremos transmitir el mensaje.

Siempre tendemos a pensar, a mi entender erróneamente, que nuestra generación es mejor que la siguiente y así sucesivamente.

Cuando criticamos aireadamente a nuestros hijos deberíamos pararnos a pensar que hay una probabilidad (afortunadamente bajísima) de que esas sean las últimas palabras que oigan de nuestros labios. Parémonos a pensar en ello.

 Luis1

02-11-2012 12:22

 Gracias @årturop:

       Es habitual usar las etiquetas limitantes para definir y encasillar a las personas.  Sören Kierkegaard lo sintetizó magistralmente en cinco palabras: “Si me clasificas, me niegas”. ¿Qué quiso decir con ello? Cuando alguien nos califica peyorativamente diciendo: eres vago, eres torpe, eres desordenado, eres aburrido…, nos está impidiendo mejorar porque automáticamente nos refugiamos en nuestros cuatro “Yo soy” autodestructivos, y que tan magníficamente describió Wayne Dyer en su libro “Tus zonas erróneas”:

“Así soy yo”   “Yo siempre he sido así”.    "No puedo evitarlo”.    “Es mi carácter”.

       Esos “Yo soy” autoparalizantes nos están etiquetando restrictivamente y nos coartan inconscientemente diciéndonos: “Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”. Invariablemente nos han machacado recordándonos esos “Yo soy”; así lo han hecho en la escuela, en la familia, en el trabajo…, y para rematar la faena hemos adoptado, nosotros mismos, otros “Yo soy”, como excusas para no luchar por mejorarnos, amparándonos en una autocomplacencia y conformismo que nos impide progresar como personas. No olvidemos que todo aquello que no crece está muerto. Es mucho más fácil acomodarse con esos “Yo soy” que realizar el esfuerzo de corregir esos defectos autoinculpatorios. Si después de todo la gente piensa que soy así, ¿por qué llevarles la contraria? Y con esos juicios estamos, indirectamente, otorgando a los demás el poder de controlarnos y decidir cómo debemos ser.

Espero que a los jovenes les guste este tipo de artículos y que si no me lo diran, para cambiar a otro estilo de formación mas didactica.

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad Comunidad de Información Financiera Global.

Fecha publicación: 22.3.2013

Se respeta la licencia original del recurso.

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