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España y la huelga general, vista desde Kenia

tipo de documento Economía

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Acerca de este recurso...

 de Javier Merelo de Barberá Llobet

 

Si hay algo común entre españoles, kenianos, chadianos o neozelandeses es que todos queremos vivir mejor.

Estoy en Nairobi y leyendo las noticias sobre la huelga general en España no puedo evitar comparar España con Kenia; las diferencias y las similitudes. Las enormes diferencias económicas y los anhelos de prosperidad que son comunes a todos.

Me llamo Javier y soy un español de 34 años que se está buscando las habichuelas en Kenia.

Viviendo en un país en vías de desarrollo (donde la gente sí se muere de hambre) se ven las cosas de un modo muy diferente. La lejanía ofrece el prisma de la objetividad.

Ahora mismo estoy sentado en una cafetería; una cafetería bien agradable y bien decorada. Miro en derredor y ¿qué veo? La chica enfrente de mí tiene un Macbook Pro como ordenador, como tantos otros,  y los demás juguetean con sus iphones y smartphones. Me cruzo a diario con ingenieros o informáticos intentando montar una nueva “start-up” o aplicación para el teléfono. Bien podría estar en Filadelfia, Londres o Madrid. A la vez, basta salir a la calle para ver a centenares de personas que caminan una hora de ida y otra hora de vuelta día a día para ahorrarse los 30 céntimos de euro del autobús.  Es decir, personas formadas por un lado y la mano de obra barata para las fábricas en la otra.

Aquí es donde uno toma consciencia de lo que de verdad quiere decir competir en un mercado global.  Son muchísimos en España que no lo entienden. No sólo compiten en Kenia por la instalación de cadenas de montaje que den trabajo al máximo número de personas sino por proyectos tecnológicamente avanzados. Para muestra, un botón: Safaricom, la Telefónica keniana, fue la primera compañía de telecomunicaciones en implementar M-PESA, un sistema de transferencias monetarias entre teléfonos móviles que tanto me sirve para pagarle al taxista cuando él (lo más seguro) o yo no tenemos cambio, abonar el recibo de la luz, internet o enviar dinero a cualquier persona.

Por supuesto, hacen falta más ingenieros y científicos y el camino hasta conseguir una educación de alta calidad es largo. Lo sabemos en España. Pero no hace falta más que leer los artículos de opinión en los periódicos, ver dónde el gobierno está metiendo el dinero (la segunda partida en importancia del presupuesta nacional es la educación, sólo después de los pagos de la deuda) y, sobretodo, preguntar a la gente para entender la importancia de la educación. Si en Kenia los chavales abandonan la escuela es por no poder pagar el material, el transporte, el uniforme…. (oficialmente desde 2003 la escuela es gratis). Intentar explicar que nuestra tasa de abandono escolar es del 30%, cuando aquí se mueren de ganas de ir a la escuela, es tarea imposible. Aquí entienden la educación como el ascensor social.

El país crece. Sí, es fácil crecer rápido cuando uno está tan abajo. Aquí el plan-E tiene sentido: el 8% del presupuesto se va en infraestructuras. El retorno de la construcción de una carretera donde antes no la había es muy alto. Reformar aceras, carriles bici y pintar gimnasios municipales, no. Los kenianos tienen un chiste que lo explica bastante bien: “¿Cómo sabes si un conductor está borracho? Porque va recto”. Es decir, ya no es capaz de ver la cantidad de baches (cráteres parecen a veces) y conduce recto. El país tiene muchísimo margen de mejora. Cuando uno compara los datos económicos de ahora con los de hace 10 años no puede más que asombrarse.

Sin embargo, la gente no suele tener perspectiva. No la tiene en Kenia ni la tiene en España. La ganancia de ayer es considerada la base de hoy. Para el abuelo fue un gran avance que llegase la electricidad pero para el padre ya era básico. Para éste fue un gran avance el televisor pero para el nieto quedarse un día sin acceder a Facebook supone agarrar un buen berrinche (nota: el 99% de las conexiones a internet se hacen con el móvil). Uno se acostumbra rápidamente a los avances y monta su vida dependiendo de ellos (por ejemplo, irse a vivir a las afueras porque hay buen sistema de transporte público hasta el trabajo).

Porque, y esto es una característica en común entre kenianos, españoles, neozelandeses o chadianos, la gente siempre quiere vivir mejor. Sucede en cualquier parte del mundo.

He aquí otra similitud, que es especialmente relevante el día de hoy: Al igual que en España, aquí son constantes las demandas de aumentos de salarios de profesores, policías, doctores…. Son constantes las huelgas y las protestas.

Un aspecto importante de estas protestas es que son casi exclusivamente de trabajadores públicos. Al igual que en España, se fijan en los políticos y toman como referencia sus enormes privilegios (basta decir que el mes pasado los parlamentarios kenianos votaron darse una paga extra por la cara de unos 80.000€ al final de la presente legislatura, en febrero). Hay médicos y  profesores universitarios que están exigiendo un salario de 4.000 € al mes en un país con una renta per cápita de unos 800 €. Cuando no hay mercado privado que ofrezca oportunidades ¿de dónde sacar tajada?¿dónde asegurarse un trabajo a largo plazo?¿cómo pagar favores a todos los niveles? Como en España, en el sector público. ¿Cómo pagar el gasto? Con más impuestos. Como en España.

Y, como en España, el gobierno cede y sea en aumentos salarios o en un número de puesto de trabajo. Y cede más antes unas elecciones que llegarán en cinco meses. Cede a un aumento del gasto público en salarios (que muchas veces está más que justificado). Pero no olvidemos que esto se paga con deuda. El pago de la deuda se lleva 1 de cada 6 euros del presupuesto (menos que en España)., la primera partida del presupuesto. Eso es básicamente dejar el problema para más tarde. En España nos acostumbramos a vivir bien montados en el castillo de naipes de la deuda.

La deuda privada, también, por supuesto. Eso sí, a tipos de interés del 12%. Nairobi es una de las ciudades del mundo donde el mercado inmobiliario más está creciendo ¿Les suena? Hay edificios en construcción por todos sitios. La deuda para la casa pero también para el televisor de plasma, el coche, el iphone, las vacaciones a la playa…La clase media está creciendo una barbaridad en África y piden lo mismo que nosotros. Exactamente lo mismo.

Aquí me gustaría hacer un inciso, pues los economistas tienen un papel a jugar aquí y no quisiera, ni mucho menos, pretender imponer consejos. La gente no entiende lo que es el PIB. No tiene ni puñetera idea, para ser más claros. Lo del 5 u 8 por ciento del déficit les suena a entre chino y suajili. Ahora bien cuando yo intento explicarles que el gobierno se gasta un 50% más de lo que ingresa, “como si tu padre le dijera a tu madre que en casa entrarán 2.000 euros al mes y os vais a gastar 3.000 ¿Qué haría tu madre? Empezaría cortar gastos a destajo ¿verdad?”, cuando se le explica que “imagínate que cada año vas al banco a pedir un crédito  para cubrir tus gastos que supone un, digamos, 10% del valor de tu casa, del valor de tu coche y de lo que ingresas ¿qué harías?” (explicar el valor de la amortización es un poco más complicado), la gente lo entiende.  Con esto quiero decir, que la gente no entiende la escala de la que hablamos porque se pierde en dimensiones demasiado lejanas a su realidad. De ahí que muchos se apunten a la explicación fácil de  que “todo es culpa de los mercados”.

Es necesario señalar que el cambio produce miedo. La incertidumbre genera miedo. Por eso, entre la inconsciencia y la negación, se pretende que todo cambie para que no cambie nada. Que le quiten sus privilegios al vecino si hay que recortar. Pero el cambio llegará sí o sí. Estuve en Grecia un par de meses a finales de 2010 y pude comprobar la oscilación entre el cabreo y la resignación por la situación. Resumir lo que sucede ante un cambio de tal magnitud es muy sencillo: un médico nos dice que tenemos cáncer y que hay que escoger entre radioterapia o quimioterapia. ¿Qué escogemos? Ir a ver a otro médico a ver si lo que nos dice nos gusta más. Es decir, que no hay más cera que la que arde. Y en esas estamos ahora en España aún: negando la evidencia. La huelga de hoy, 14 de noviembre, es otra muestra más.

¿Cuáles son las consecuencias de negar la evidencia?

Hace 50 años había más de un millón de españoles viviendo fuera. La gran diferencia entre entonces y hoy es quien se ha ido. Se han ido muchos de mis amigos y me he ido yo: carrera, máster, idiomas y experiencia internacional. Cierto que también se va gente sin formación pero ya pasó aquello de “Pepe, vente p’Alemania” a trabajar en la fábrica.  Se va el que puede vivir bien fuera. Del mismo modo que aquí en Kenia y en tantos países pobres se habla del “Brain drainage” en España sucede igual. Por algo están ustedes en Londres y Filadelfia.

¿Cuál es la diferencia entre aquella emigración y la actual? Las posibilidades de volver a casa, al contrario que entonces, son mucho más bajas. Cuando Pepe trabajaba en una fábrica en Alemania, asqueado del mal tiempo, y se enteró de que Ford se instaló en Valencia pensó ¿para qué vivir asqueado aquí si ahora puedo vivir más o menos igual y con mejor tiempo en España? Cuando Javier, Luis, o Jesús se van fuera y consiguen un trabajo bien remunerado y reconocido ¿en qué condiciones van a volver a España? La semana pasada estuve en Mallorca en una boda. Charlando entre amigos dije un cosa que asombró a muchos: “Yo, a España, no me vuelvo por menos de 70.000 euros”. Se lo dije muy claro: sé que fuera puedo conseguir eso y más. No significa que los gane si no que existe la posibilidad de ganarlos. Las puertas están abiertas. Y si resulta que, estando fuera, me caso y tengo hijos ya la cosa se complica más. Apostaría a que ustedes se han planteado la misma pregunta en más de una ocasión.

¿Quién quedará en España entonces?¿Quién sacará el país adelante? No pretendo decir que el país se va a vaciar de talento pero sí que es muy difícil que el talento que se va, vuelva.

Esta crisis va a cambiar (está cambiando) el tejido social en España. Guste o no guste. Va a incrementar la movilidad laboral: es lo que tiene un 25% de paro y el fin de las ayudas públicas. Cuando me fui a trabajar a Palma de Mallorca hace unos años, siendo yo de Barcelona, mis amigos me preguntaron que por qué me iba cuando la respuesta era obvia: por trabajo. Esto se va a intensificar, cambiando la estructura familiar que ha sido la que nos ha mantenido y, a la vez,  maniatado en España.

Mi duda radica en si el cambio de mentalidad necesario para crear empresas se va a producir. Pasar de un papá-estado a sacarse uno las castañas del fuego y premiar al que lo hace es un gran salto. En EE.UU. “failure is not an option” precisamente porque es una opción: si lo has intentado con todas tus fuerzas y no lo has conseguido, no te lo van echar en casa. En España, si conseguir un crédito para montar una empresa se antoja imposible, no digamos ya para una segunda tras haber fallado la primera. Aquí, en Kenia, se admira al empresario que se lo ha montado. En España, se echan pestes de los empresarios como si fuesen déspotas explotadores. En España tenemos pocas grandes empresas, tenemos más bien pymes. En vez de animarles y admirarles, les ponemos palos en las ruedas.

En esto, Kenia y España se parecen en una cosa: según el informe del Banco Mundial “Doing Business”, Kenia se clasifica en la posición 126 para abrir un negocio; España, en la 136.  Por dignidad y por supervivencia, españoles y kenianos lo que quieren es un trabajo. Si no damos facilidades a los emprendedores ¿quién lo va a crear? El dinero para pagar nuestra sanidad, nuestras pensiones, nuestras escuelas…en definitiva, nuestro sector público, sale del sector privado. El cambio económico se puede imponer pues si uno no encuentra quien le financie no queda otra que recortar gastos, el cambio cultural y mental, es más complicado.

En España necesitamos aprender el lema de Nike: Just do it. Hace cosa de poco más de un año me quedé sin trabajo así que harto de esperar a la nada agarré el petate y me compré un billete sólo de ida a Nairobi. Aquí estoy desde hace catorce meses. Cuando comenté con mis amigos estadounidenses cuál era mi plan la respuesta era: “great! Just do it! when are you leaving?”. La respuesta de un amigo mío español resume la diferencia de pensamiento que es común a muchos españoles (no todos, por supuesto). ” A ver, Javi, explicármelo otra vez que no lo entendido: no tienes contrato en Nairobi, no conoces a nadie, y tienes que empezar de cero ¿por qué te vas?”.

También tenemos que dejar de  confundir la igualdad de oportunidades con el igualitarismo, impulsado por la sempiterna envidia del que tiene más que en vez de hacernos querer ser mejores hace que queramos que el otro baje. Es cierto que la desigualdad extrema es perniciosa para la convivencia pero también lo es que intentar alcanzar lo que el otro tiene hace que, en general, todos avancemos.

Los cambios son muchas veces desagradables. Pero no queda otra. Aquí no paran de decir que ahora les toca a ellos, “it’s our turn to eat”. En la mentalidad de muchos jóvenes urbanitas kenianos todos (europeos, estadounidenses, nigerianos o kenianos) estamos al mismo nivel. En un mundo cada vez más desarrollado, con cada vez más países que ofrecen mejores condiciones de inversión y rentabilidad, competimos todos por la inversión y por el trabajo.

Me encantaría poder montar mi empresa en España y no en Kenia; la cervecita con los amigos del martes por la noche, con el pepito de lomo se echa en falta. No olvidemos que, en su grandísima mayoría, la gente se va porque ha de irse, no porque quiere irse.

 

 

Este recurso fué publicado originalmente en la comunidad Comunidad de Información Financiera Global.

Fecha publicación: 22.3.2013

Se respeta la licencia original del recurso.

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