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El movimiento obrero se produce en la segunda mitad del siglo XIX y se desarrolla en todo el continente europeo. Los escritos de Marx y Engels y la aparición de maquinaria en la industria fomentó el desarrollo de un grupo social conocido como proletariado. En España, el movimiento obrero se ligó a la Primera Internacional, y poco después se funda el PSOE, UGT y la CNT.



La industria española de finales del siglo XIX y comienzos del XX experimenta un lento desarrollo. Si bien atrasada con respecto a Europa, cada vez es mayor su porcentaje de participación en la economía nacional, aunque por estos años sólo está en un 15 %.
El desarrollo industrial se vio empujado por la aparición de nuevas máquinas, que reducían el tiempo de producción y abarataban los costes. Sin embargo, la maquinización provocó protestas, pues los obreros pensaban que las máquinas podrían llegar a sustituirles.
Con todo, lo más importante es que esta industria incipiente conllevará el surgimiento de dos grupos sociales: la burguesía industrial y el proletariado. Las relaciones entre ambos grupos serán, a partir de entonces, conflictivas.
En la industria, el trabajo era duro y largo. A comienzos de los años 70 del siglo XIX, la jornada en las fábricas o talleres era con frecuencia de 14 horas. El tiempo de trabajo fue reduciéndose en las siguientes décadas, hasta llegar a las 11 horas en verano y 9 en invierno, a principios del siglo XX. El salario era algo menos de 3 pesetas diarias.
Junto a jornadas extenuantes o salarios insuficientes, los obreros estaban sometidos al problema del desempleo, la falta de vivienda o el hacinamiento. Incluso los niños, a partir de los sietes años, se veían empujados a trabajar en las fábricas o las minas.
Frente a este estado de cosas surgió el movimiento obrero español, que rápidamente se vinculó a la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional. Tanto el socialismo de Marx como el anarquismo de Bakunin encontrarían pronto eco entre el proletariado español. En 1879 Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español, al que seguiría en 1888 en sindicato UGT. El objetivo socialista era lograr una reforma social mediante la presión y la concertación. Sus métodos se basaban en la realización de huelgas y manifestaciones y en la difusión de sus ideas mediante pasquines, mítines o periódicos.
El anarquismo, contrario al Estado y al sistema político, era partidario de la revolución. Con una mayor presencia en el mundo rural, los anarquistas no consiguieron una influencia permanente en las ciudades hasta la creación de la CNT, en 1911. Su meta era la huelga general revolucionaria, despreciando la propaganda en favor de la acción directa en forma de atentados. Un ejemplo característico es el que en agosto de 1897 le costó la vida a Cánovas del Castillo.
La agitación social alcanzó su punto culminante en 1919. Los sindicatos españoles, que habían tenido una escasa importancia hasta el año 1914, crecieron de una forma muy considerable. Las huelgas se sucedieron, siendo cada vez más radicales y violentas.
Frente a esta violencia, la patronal reaccionó creando su propio pistolerismo. Las clases conservadoras catalanas, donde el clima de violencia era mayor, crearon un cuerpo armado de la clase media, el somatén. El resultado fue catastrófico, radicalizando aun más el conflicto. La ciudad de Barcelona se convirtió en el escenario de una auténtica batalla campal, que en el año 1921 llegó a producir casi un centenar de muertos.
Con todo, el movimiento obrero de finales del siglo XIX y comienzos del XX sentó las bases del posterior desarrollo sindical. En adelante, lentamente, las reivindicaciones sociales y laborales se fueron cumpliendo, mejorando las condiciones de vida de los trabajadores.

Es un contenido educativo de Artehistoria "la página del Arte y la Cultura en ESpañol".

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Fecha publicación: 10.4.2013

Se respeta la licencia original del recurso.

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